
Después, recorrido por el barrio. El mío, fue demasiado corto, solo estuve en Gucci, Scalpers, Tommy, Angel Schlesser y Suárez. Por motivos profesionales (Gabrielle, todo el mundo tiene motivos profesionales, jijiji) estuve obligada a pasar casi toda la noche en una tienda donde se lió una buena. Aún estando un poco lejos de la calle principal donde se gestaba todo, nuestro flagship fue un ejemplo de convocatoria y de fiesta. Una barra libre de dry gin, parmesano, uvas, chocolate y galletitas italianas, acompañado de una estupenda música house, fue nuestra mejor baza. Éxito total donde la gente quedó contenta, aunque había tal demanda de gin tonics, que más de un conocidillo resoplaba por conseguir el codiciado elixir.
Y tampoco me quedo sin mencionar a los “hermánisimos Medina”. En su tienda estaban, mano a mano, chaqueta con chaqueta, clase con clase, pulpito con pulpito. Suspiro prolongado por mi parte, cuatro bocaditos de sushimi de atún, y vuelta a la realidad. Por cierto, lo mejor de todo fueron los coches que te llevaban de una tienda a otra, entregados chicos dispuestos a cumplir todos tus recados de esa noche. Nosotras corrimos a coger uno, como si estuviéramos en la quinta avenida, y fue tal mi afán y mi alegría al conseguirlo, que hubo torcimiento de tobillo debido al inapropiado calzado de 9 cm y las obras de los ………. que nos acompañaron durante toda noche.
Conclusión: Larga vida a Vogue, larga vida a la moda y larga vida a noches como ayer, donde la palabra CRISIS no sonó ni una sola vez.
PEGUIE.
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